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Mostrando entradas de julio, 2024

LA COMIDA DEL LORO

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Conducido por un vendaval de furia medieval, Prudencio Torres atravesó la entrada del teatro municipal, con tres metros de cabuya enrollada en la mano. Allí acontecía el primer bazar benéfico de «El Costurero», una organización de mujeres que asistía a la niñez vulnerable a través de actividades sociales y de la cual hacía parte su esposa, Angelina. La banda del pueblo tocaba «la puya del diablo» y a su compás la observó distante. Impulsó la soga con tres vueltas en el aire, la dirigió a ella en un movimiento de vaquero experimentado y la enlazó en el primer intento, dejándola inmóvil de un solo tirón. La fuerza del halón la arrojó al suelo y tropezándole con los tobillos de las gentes la arrastró hasta él, para tenderla en sus hombros con una fuerza que obedecía más al orgullo que a su capacidad física. La música no pausó y al fondo, perdiéndose a la vista de todos, Angelina se dejaba llevar a donde a su marido le diera la gana sin entender el motivo de la afrenta, mientras el resto d...

PENSAMIENTO

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  Al borde de la cama, pensó: ¿puede la vida abrirse paso en la penumbra de una guerra conmigo mismo? La ausencia de respuestas no le daba paso al sueño a pesar de que debía levantarse temprano. Colmado del mismo sentimiento durante años, quería mantenerse optimista, pero en ninguno de los vericuetos de la mente encontró sustento para su intención. Trató de ver una película, pero ninguna le emocionó. Intentó leer un libro, pero no mantenía concentración. Llenó crucigramas y sopas de letras, pero solo logró sentirse patético. Apagó la luz y se obligó a dormir. No lo conseguía. Dos años consecutivos de terapias lo situaban en el mismo lado: desecho en la linfa de un horror maloliente. No estaba enfermo; era un trance prolongado del que pronto saldría, pero nunca salía. Le frustraba no poder abandonar las sensaciones que por la costumbre lograba entender, pero que le incomodaban la vida. Veinticuatro meses con tres pastillas diarias y al final de cuentas, la misma vaina. Sin embargo...